30/3/10

Mi abuela

Esa viejecita tierna, con la piel de olas
y manchas lunares, es mi abuela.
Va a cumplir noventa y tres.
No es que no le guste hablar,
es que ya ha dicho todo lo que tenía que decir.
Por eso se balancea en la mecedora
y sus canciones las canta por dentro.
Le gustaba mucho leer;
los libros fueron su evasión durante
muchos años de soledades encadenadas.
Ahora ya no sabe cómo hacerlo,
pero a veces, los personajes de sus novelas
le visitan en sueños y le cuentan historias
que no recuerda al despertar.
Nunca oye lo que le dices.
No es que sea sorda, no, no es eso.
Es que su vida se conecta
a  otra emisora que le interesa más,
sintoniza la frecuencia del pasado,
la de los muertos que le hablan en susurros,
los que le entretienen la memoria
mientras espera ese día
de la gran fiesta del reencuentro.
Ya no duda de que exista,
porque sus pensamientos nacen
y no llegan al final.
Tendría que haberse acostumbrado
al vacío que deja cada ausencia.
Áun se pregunta por qué
es la penúltima en marcharse.
No sabe la de aplausos
que la esperan aún,
por ser la compañera infatigable
de la muerte ,
sonrisa infinita y  voz transparente,
arropando estertores y curando escaras,
vendando heridas y cosiendo rotos,
tendiéndole la mano al dolor,
haciendo del dolor una bandera.
Le dan tanto calor los recuerdos
que lleva grabados en la piel,
que no quiere bañarse
para que no se borren.

2 comentarios:

Nada mas importa dijo...

Hay pero que belleza!!!!

Muchas partes son tal cual yo tambien lo pienso y lo siento...
Gracias por pasarme el enlace, ya que me encanto este poema!!!!

Anónimo dijo...

No lo había leído hasta hoy, pero que sensibilidad, que bonito. Seguro que se lo habrás leído y.....entre otras , bueno muchas cosas le habrá encantado como a mí Beos Mari Tere