3/7/10

Disfraces sin matices

No deja de sorprenderme el poder que ejerce
un deporte que a mí no me dice nada.

España mira una pantalla clonada en millares
de absorbentes hermanas gemelas y exactas
vistiendo su crisis de fiesta y de bandera,
en bares enlatados hechos de humo,
en un silencio extraño que convierte
un lugar para la charla en una extraña iglesia.

Un niño, en el suelo, mordisquea una colilla,
la abuela quiere ir a casa, tiene sueño,
una chavala bebe a escondidas la cerveza
que tantas veces le han prohibido.

Hoy ya nada importa, si el partido va bien.

Las calles desiertas recuerdan esas películas
en las que un solo superviviente anida el mundo.

De vez en cuando un grito al unísono
emitido desde cada lugar agobiante y hacinado
donde reside una pantalla de hipnotismo
estremece el aire y ahoga la paz inquieta
de la tarde, acompañando la soledad
de ese pobre marginado que no tiene ganas
de frotar sus emociones en un bar,
ni de vestirse de fiesta ni de bandera,
ni de escuchar otro silencio más en su alma.

Y hace del gol una canción de cuna
para soñar una vez más que la muerte lo lleva.

4 comentarios:

Poetiza dijo...

Laura, tambien a mi me sorprende el poder que ejerce ese deporte, y tampoco me dice nada. Tus letras llevan a la reflexion y eso es bello, al menos para mi que pienso que por la pasion al futbol dejan de lado al amor.........Besos, cuidate amiga.

TORO SALVAJE dijo...

Que razón tienes.
Pan y circo.
Durante unas horas todo queda anestesiado.
La realidad aguarda.

Besos.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Me gustan las caretas sólo por carnaval. La protesta y la denuncia, que no cabe más que en un momento determiando...



Saludos y un abrazo.

Estrella Altair dijo...

Es increible... mi cerebro tampoco lo procesa..

dejarse llevar así... es para otros.


Besos