16/7/10

Estrategias de amor

Como se sentía solo, ácido y agridulce,
y las heridas del amor aún le escocían,
decidió dedicarse a vengar su sufrimiento
en todas las mujeres que cruzaran su camino.

Se convirtió en el maestro más consagrado
en la escuela del arte ancestral de la seducción,
usando con habilidad  miles de técnicas diferentes,
alternando las clásicas con las de su propia cosecha
y convirtiéndose en poeta del amor, porque las palabras
bellas nublan las almas románticas de las mujeres.

A veces pedía besos y placeres en sus versos.
Y le llovían los besos, los placeres y las citas.
A veces fingía ser amado, con la intención
de alejar cualquier fuga de sus sentimientos
hacia mujeres que de verdad rozaran su corazón.
Y de las lágrimas de sus amantes más pasionales
se hacía una capa de silencio imprevisto e  ingrato.
Esta técnica sutil le proporcionaba un doble resultado:
además de alejar a posibles fuentes de dolor
- eso eran en resumen para él las mujeres
que realmente podían merecer la pena-
atraía a las otras, a las mujeres sin anclas,
para las que  los compromisos entre ajenos
son imanes de sus cuerpos incandescentes
que buscan perentorios el  placer sin ataduras.

Así pasaron años, desatando versos dispares
que alternaban por momentos el gozo más sublime
con la ingrata soledad más dolorosa y el hastío.
Se le olvidó el yo que era antes, el de alma clara
y corazón enorme, que una vez supo amar.
Se recitaban en el mundo sus versos -tenía talento-,
y corrió la voz de que su corazón era inconquistable.

Pero una vez, sólo una, se equivocó.
Vertió sus versos desatados y desarmados
a los pies de una diosa de hielo, que le tembló
en el alma sin quererlo y mirando hacia arriba
- qué dolor de cuello y de alma , para él, que
no tenía costumbre de ver algo más alto que sí mismo-
perdió los pocos puntos cardinales que le quedaban.

Le encontré el otro día declarándole su amor
a la Cibeles, con los pies descalzos y la mirada
perdida en el cielo de la mayor soledad;
al parecer no existe cura para quien se hiere
a sí mismo, eligiendo el dolor de otros
como estrategia para curar el suyo propio.

7 comentarios:

Javi Caro dijo...

Eres una jefa hermana, un placer leerte!! besos

Estrella Altair dijo...

Que creativo.. que cosas se te ocurren..

Besos..

santiago tena dijo...

se me ha clavado como una lanza en el costado tu texto

un beso

EL MAR...SIEMPRE EL MAR dijo...

¡Nada menos que a la Cibeles!
Desde luego...cuando el ser humano se endiosa de esa manera...su visión del amor no puede ser mas patetica. Como alguien me dijo un día...en el pecado lleva la penitencia.

Me encantó la creatividad, el giro insospechado que consigues dar a tu poema.


Mi mejor sonrisa para ti.

TORO SALVAJE dijo...

Quien a hierro mata a hierro muere.

Besos.

Mayde Molina dijo...

Wow, wow... mil veces wow... Se me ha encogido no se que dentro al leerlo, pensando lo mucho que me recuerda a alguien, lo mucho que tristemente me lo recuerda...
Besos, linda, cada día eres más maga de la palabra.

Laura Caro dijo...

Anónimo: No tienes ni idea de nada, ni has comprendido nada. Por favor, abstente de comentar en este blog, anda, no me hagas habilitar la moderación de comentarios.
Muchas gracias.