23/7/10

Urbanizando la sierra

El arquitecto, el constructor, el promotor,
la sucursal bancaria, los comerciantes,
los distribuidores del agua, del gas,
de la electricidad, de la telefonía,
el alcalde y todas sus ramificaciones,
los propietarios, los vecinos del pueblo...
todos estaban orgullosos de la gran obra.
La urbanización al fin estaba terminada,
lujosa y deslumbrante en medio de la sierra.

Soledad Villanueva se bañaba a deshoras
en la enorme piscina, con gafas de buceo,
con bañador de marca, nadando con el estilo
que sólo se consigue con el bolsillo lleno.
Nadaba boca arriba, ignorando los pinos
gigantescos y aromáticos,  sin oler el tomillo,
el romero, la lavanda,  desoyendo los trinos ...

Nadie pensaba en aquellos árboles centenarios
que se morían por dentro, ni en los animales
que tuvieron que huir asustados e indefensos
a golpe de máquina, de fuego y estruendo.
El cielo encapotado no entristecía la magia
de siglos de verdor en el pasado, pero ayudaba
a crear un ambiente sobrecogedoramente intenso.

Los ciervos, los corzos, los jabalíes, los zorros,
los gamos,  los tejones, los autillos, los milanos...
estaban indignados por el extraño olor distinto
que ahora desprendía su hogar: olía a tabaco muerto,
a ladrillo, a cemento, a silicona, a sudor humano,
a quemado, a alimentos enlatados en conservantes,
a crema protectora, a suavizante, a violencia, a destierro.

El enorme animal sin quererlo lo cambió todo.
Soledad no reparó en su presencia, acechando,
como tantos años había hecho, en su elemento.
Anochecía y la chica secaba ya su cuerpo
con la toalla blanca que el sino tiñó de negro.

        Se hizo un silencio inmenso.

El arquitecto, el constructor, el promotor,
la sucursal bancaria, los comerciantes,
los distribuidores del agua, del gas,
de la electricidad, de la telefonía,
el alcalde y todas sus ramificaciones,
los propietarios, los vecinos del pueblo...
todos juntitos acudieron al entierro.
Verjas electrificadas se pusieron en seguida
para olvidar cuanto antes este trágico suceso.

Junto a su tumba cada día una hábil ardilla
aún libre deposita apenada una rama de romero.

8 comentarios:

Darilea dijo...

Triste realidad la de este mundo inverso que en vez de proteger, destruye.
Un besito

Pluma Roja dijo...

El paso al futuro, que destruye con sentido o sin él.

Texto con mucho sentido.

Saludos cordiales, Laura.

Anónimo dijo...

Siempre pasa para disfrutar de unas cosas se pierden otras como la vida misma. Lo importante es disfrutar de cada momento y sacar lo positivo de todo por muy malo que nos parezca. MT

TORO SALVAJE dijo...

Que mundo estamos haciendo... hemos destruído casi todo el planeta.
Que horror.

Besos.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Los silencios que se hacen, deberían estar rotos, por los sonidos de las cigarras, y el espesor de las fresqueras entre los pinos...

Saludos y un abrazo.

Javi Caro dijo...

Más conciencia con el mundo, que el mundo somos nosotros. Un beso hermana

Ian Welden dijo...

Y así es Laura.
Tu lo lo has dicho todo.
Pero estoy seguro de que somos millones y millones de ardillas que ponemos flores en la tumba de la naturaleza.

Es lamentable.

FRANK RUFFINO dijo...

Poetisa amiga:

Todo ese sistema que citas con incisivo poder, el neoliberalismo más salvaje, pura compra-venta en donde el medio ambiente, y de rebote, nosotros salimos perdiendo. Y la seguridad es otro artículo, sin ella nos hacen una escabechina.

Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

Frank.