7/9/10

Monóculo infantil

Pasé al menos tres años con un miedo infinito
a cruzar el pasillo estrecho que me llevaba
a la puerta de salida de la casa donde vivía.

La culpa la tuvo una muñeca vestida de azul,
de la que no recuerdo el nombre con claridad,
que mi abuela había colocado en un rincón
del saloncito por su belleza y realismo,
para que se viera desde la puerta al entrar.

La precursora del muñeco diabólico
me miraba descarada y fijamente
durante todo el pequeño recorrido
que se me hacía infinito e inacabable
tomara la velocidad que tomara,
y por mucho que yo me empeñara
en hacerme la invisible o mirar a otro lado,
o ponerme disfraces de todo tipo...

Cuando mi madre me daba la mano
para salir juntas de paseo o de compras,
yo la miraba con desafío para retarla
y ella me decía con los ojos - abiertos
abismos marinos del terror absoluto-
que ya me pillaría sola muy pronto.

Un día mi abuela se dio cuenta de todo
y la encerró en una caja en el trastero
para que ya nunca más pudiera asustarme.

Ahorra soy yo la que encierro bajo llave
los miedos pasados y los presentes
y cuando me siento un poco fuerte
abro el inmenso trastero de mi alma
y los enfrento hasta matarlos.

15 comentarios:

josecb dijo...

El final es aleccionador, amiga mía, pero quiero centrarme en los recuerdos que me has despertado:

el miedo mío era un poco más carnoso. yo era un niño de ciudad, pero todos los sábados por la noche íbamos a ver a mi abuela al pueblo.

aquí en Cantabria en aquella época casi todas las casas antiguas tenían la cuadra como una habitación más de la parte de abajo de la casa.

me ha hecho mucha gracia lo de que la muñeca te miraba mal como diciendo: -ya te pillaré, jiji.

algo parecido me pasaba a mí, no te rías,pero con una vaca, había varias pero esa en concreto me tenía manía, para ir al baño tenía que dejar la entrada de la cuadra a la izquierda y pasaba a todo correr para que no me viera.

normalmente me arreglaba saliendo fuera y meando en la rueda del coche de mi pobre padre (si me veía me caneaba), pero muchos días dejaban suelto al perro y a éste también le tenía pánico.

odié los sábados en mi niñez querida amiga, pero a diferencia que tú, que lo has superado, yo todavía no puedo ver a las vacas ni en pintura.

gracias por seguirme querida amiga.

Cecy dijo...

Me hicistes acordar que cuando era muy pequeña, creo que algo de cuatro años, en casa habia una muñeca que no se si era de mi madre o de mi abuela, la cuestion que era de porcelana con una mirada profunda y mas o menos de la misma altura que yo tenia en ese entonces.
Y me daba esa sensación que bien contas.

Me gusta que enfrentes a los miedos hasta matarlos. A mi todavia me cuesta un poco aunque nunca dejo de intentarlo.

Un abrazo grande Laura.

Pluma Roja dijo...

Perfecto, redondito. Un poema que tiene historia y solución. Al leero me acordé de una muñeca que tuve, tenía cara, piernas y brazos de porcelana. Si se caían se rompía. Lo que me daba miedo eran los dientes. No en mi muñeca pero sí en otras que miraba. besos Laura. Hasta pronto.

Soy beatriz dijo...

Muy buen texto y excelente final. Quién no tiene un trastero. En mi caso el desalmado me desobedece y se habre sólo. Por eso lo transformé en una planta recicladora de desechos.
Antes utilizaba químicos muy fuertes, pero los endemoniados resisten y se vuelven mas abominables.
Alguien me comentó entonces, que los dejara salir y que aprendiera amarlos, porque ellos también tenían miedo.

Un abrazo gigante y gracias por tanta entrega!!!

TORO SALVAJE dijo...

Precursora del muñeco diabólico... es que hay muñecas que dan miedo.
Parecen muertitas disimuladas.

Besos.

Poetiza dijo...

Laura, con voluntad podemos vencer esos miedos que encerrados pretender salir para asustarnos. Lindo recorrer tus letras, ver esa muñeca vestida de azul y reflexionar sobre el final de tu poema. Besos, cuidate.

TriniReina dijo...

Cuando somos pequeños hacemos un trauma de cualquier miedo.
Todos tenemos un saco de miedos infantiles, encerrados en algún lado y son más difíciles de enfrentar que muchos miedos de los que nos asaltan ahora.
Opino que al miedo hay que plantarle cara, es algo que no espera y siempre lo mantiene a raya. Aún así...

Besos

Ian Welden dijo...

Qué magnífica forma de sobreponerte al miedo de tu infancia.
La muñeca terrorista de tu infancia ya jamás te volverá a asustar con esos ojos diabólicos porque entre muchas otras razones era capaz de escribir versos tan magníficos como estos.

Abrazos desde Dinamarca,

Ian.

Carmela Rey dijo...

Buen poema con un remate que nos enseña y que nos traslada a nuestra infancia... ¿Quién no sintió nunca miedo?
Un abrazo

Antonio Fernández López - Educación dijo...

Seguramente cada uno tenemos un totem de ese tipo ante el cual fuimos capaces de temblar durante un tiempo o tal vez temblamos todavía. Está bien saberlo, contárnoslo y asumir nuestro miedo, no huir de él. Nunca es bueno olvidar que el miedo es nuestro a migo, en realidad es parte de nosotros mismos. Un beso

Elena Lechuga dijo...

Lo malo de los miedos infantiles es que nunca desaparecen; se transforman con los años en otra cosa, pero ahí siguen. Tú avisa, que quedamos y le damos una buena paliza a la muñequita de las narices cuando quieras!
Bss

Javier dijo...

"Ahora soy yo la que encierro bajo llave los miedos pasados y los presentes
y cuando me siento un poco fuerte
abro el inmenso trastero de mi alma
y los enfrento hasta matarlos."

Matemos nuestros miedos si podemos, y si no podemos consigamos una buena coraza.
Luchemos, sigamos, seamos fuertes, por lo menos vamos a intentarlo.

Saludos.

-Pato- dijo...

- abiertos
abismos marinos del terror absoluto-

Cuantas veces cosas nimias se vuelven esos abismos marinos, yo he logrado encarcelar a varios bajo 7 llaves, pero hay veces que se escapan por pequeños recovecos impensados y sucede la catástrofe.

El mejor modo de superar el miedo es enfrentarlo, el mejor modo es abrir el trastero del alma y darles duro hasta matarlos.

Nunca tuve miedo de chica, tuve que hacerme grande para conocer ese monstruo.

Besos.

-Pato- dijo...

Me llenó te ternura el comentario de Josecb, qué increíble como le podemos amargar la existencia a un niño sin darnos cuenta, nada mas que llevándolo de paseo...

LO voy a ler a su blog :)

Gizela dijo...

Bello Laura!!!
Me encanta el final.
Es sabio, porque es la única manera de vivir por nosotros.
Los miedos son extranjeros que rigen nuestra vida, separándonos cada día más de nosotros mismos
BESOTESSSSSS