29/3/11

Tiza antipánico

Chirría la tiza
en la pizarra destartalada
retardando su paso en el tiempo.

Se tapan los oídos los escolares
de ojos grandes y abiertos
 por el horror diario
              sin saber
              sin querer saber
que ese sonido estridente oculta
en un suspiro ahogado de la maestra
(que recorre con su mano
su vientre creciente y abultado)
el llanto de un niño
que calla de golpe con un ruido seco
                     como un tétrico cohete
                     allá en la calle.

Nadie cuenta ovejitas para dormir:
en las peores pesadillas
se cuentan uno a uno los muertos.

Y mientras tú,
           envuelto en un albornoz cálido
            quitas el telediario
            y te quejas
            de lo mal que está el mundo
            te quejas
            de la televisión
            siempre te quejas
        de tu suerte.
 

16 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Crudo poema el que nos presentas hoy. Me ha encantado la estrofa de los muertos que no cuentan ovejitas. Estupendo, Laura y sorprendente pero tambiñen contundente. Besos.

Amelia Díaz dijo...

Te abrazo, hermana querida. Así estamos hoy. Sin pizarras, sin columpios y llenos de tristeza.

Besos enormes, mi niña.

Leonel Licea dijo...

A veces, cuando siento esos que tanto se quejan me pregunto "habrán aprendido a vivir de verdad?" hay tantas madres que pasan sus manos por el vientre esperando en un futuro, hay tantos niños que corren descalzos por el polvo para escapar de las bombas, que no creo que , quien tanto se lamenta, sepa de verdad donde están los problemas.
Versos tristes, querida Laura, pero reales y certeros.
Un abrazo fuerte.
Leo

Noe Palma dijo...

terrible, Laura... así!

te abrazo!

Pluma Roja dijo...

Creo que es en sentido figurado eso de que no hay pizarras, ni columpios. Es decir, en España. En países subdesarrollados esa figura es constante. No solo no hay pizarras, no pupitres, no hay sillas, no hay maestros. Es triste.

Besos, Laura. Creo que quizás no entendí el poema.

Hasta pronto.

Maritza dijo...

Qué tristemente dulce el poema de hoy.

Me estremeciste, amiga.
Cuánta sensibilidad.

Abrazos ciertos.

TORO SALVAJE dijo...

La queja perpetua por nimiedades cotidianas.

Egoísmos insoportables.

Besos.

Edurne dijo...

Me paso la vida hablándo a mis pupilos de esta otra realidad, de que ellos y ellas son unos auténticos privilegiados, de que hay, y no muy lejos, otras vidas de niños que ya no son niños...

Me entristece hasta el infinito todo esto!

Gracias por ponerlo a remojo en esta mañana!

Un besote enorme, compi, y vamos a darle a la tiza y a la pizarra digital y a... ay!
;)

TriniReina dijo...

Es cómodo el quejarse viendo las noticias. Pensamos que la realidad es una pelicula y así evadimos responsabilidades y si nos saturamos, cambiamos de canal y adiós muy buenas...
Y mientras la realidad estalla y estalla, creemos que en las afueras, hasta el día que nos cae encima y entonces...

Besos

David Quintana dijo...

El ser humano es egoísta e hipócrita por naturaleza...........

Que duro tu poema de hoy, pero más de uno deberíamos mirarnos al espejo a ver que vemos.

Feliz día.

abrazo.s

chema barredo dijo...

hola Laura, estoy al otro lado del espejo y desde allí te leo,
espero oirte pronto

besos
Chema

Ian Welden dijo...

Tu violencia e indignacion ante el status qúo no me sorprende mucho porque ya te he venido leyendo desde mucho tiempo.
El "quejedor", bueno, el planeta está lleno de ellos y ellas pero lo planteas tan bien que hasta lo ridiculizaste, y eso está genial.

Abrazos,

Ian.

Javier dijo...

Siempre nos quejamos de todo, olvidándonos de lo privilegiados que somos.
Pero así es el ser humano, lleno de vanidad y egoísmo.
Y en algunos caso de una profunda maldad y traición.

Saludos.

Elena Lechuga dijo...

No sé qué decir, Laura. Sólo mi admiración por el poema, y mi estremicimiento por el contenido.
Un beso fuerte.

Pato dijo...

Qué poema intenso, todo lo que trasmite verso a verso. El dolor, la preocupación, la peste de los telediarios que terminan transformando en cotidiano un horror que debería espantarnos, pero a fuerza de verlo tanto y tanto, es cosa común. Que siempre les pasa a otros, que por lo general son pobres de todo y uno nada mas se queja del espanto propio y se acomoda en la tibieza de una manta.

Se viven las guerras en directo, las muertes, los derrumbes, las explosiones, el hambre, los asaltos. Todo queda registrado en cámaras y todo lo vemos.
Sin embargo eso no nos hace mas sensibles, nos inmuniza contra ese tipo de sucesos y los miramos como si fueran series enlatadas.

Ufff me fui al diablo, pero es que este poema da para una charla, una reflexión.

Un abrazo!

María Socorro Luis dijo...

La clave está en el amor, Laura:

Amar a los "otros" igual que amamos a los "nuestros".

Enhorabuena y besos.