7/6/11

Soledades y dioses

De vez en cuando me entretengo
mirando tus cosas, dios-hombre.

Leo tu mirada jeroglífica
que sueña un amor libre
- con la libertad egoísta
del que se ama a sí mismo
por encima de todo y de todos-
y siento esa tristeza en ti
que tú te niegas a ver
(los dioses no se ocupan
de cosas tan mundanas).

La soledad es un precio muy alto
que conjugar con la ceguera,
( una ceguera elegida ciegamente)
   que tiene difícil
 - no creo en los imposibles-
                                    cura.

Me voy triste a mi guarida
de palabras solitarias
que se desbordan en abrazos
o en besos espontáneos de aliento
y pido - en alto o en bajito,
según se tercie el día -
que nunca llegue yo a ser
una mujer diosa y ciega
              eterna sufridora.

Entonces les sonrío
a mis  sandalias toscas
y me alegro de que mis pies
aprendieran precoces
a caminar descalzos.

34 comentarios:

Edu dijo...

Caminar desclazos, la mejor terapia.
Saludos, Edu

Elvira Daudet dijo...

Mi querida Laura la dulce:

Tienes razón, a veces es necesario retirarse a la guarida, pero no a llorar sino a coger nuevas fuerzas, porque la vida es larga y hay que plantarle cara.

Muy hermoso poema, cariño, en el que das en la clave:no son dioses, aunque ellos lo crean, son sólo hombres con el poder de hacer daño si nos dejamos.

Te quiero muchísimo
Elvira

Marcos Callau dijo...

Nunca es aconsejable tentar la suerte y jugar a ser un dios. Besos.

FRANK RUFFINO dijo...

Estimadísima amiga Poetisa Laura:

Jolines, santo cielo: casi que describes a alguien que conozco muy bien!

Mas es buena tu elección de llevar una apacible vida hogareña, aunque seas maestra. Mis padres vivieron muy felices durante 50 años. Padre, sabes, murió hace cinco ahora el próximo 19 de diciembre, se fue con 90. Madre tiene 84 y está muy mal, pues vive de añoranzas, de lo que ya no vendrá más.

Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

Frank Ruffino.

Noelia Palma dijo...

a donde vamos?

;)

TORO SALVAJE dijo...

Ojalá que nunca lo seas.

Besos.

Juan Risueño dijo...

Un dios venido a hombre, egoísta y ciego, sólo logra ser un hombre muy pequeño.
Un hombre venido a dios es un gilipollas y habría que confinarle en el cielo de su gilipollez para que conviva con sí mismo, claro que eso es rotundamente lo que no quiere.
La vida nos hace duros, Laura, por uno u otro motivo. Sus callejones sin salida nos ponen cada día a prueba.

Un abrazo

TriniReina dijo...

El caso es que aprendieran, precoces o maduros. La ventura es aprender, prestarse a ello, dejarse llevar y beber.
Lo inentendible es quedarse quieto, parado, asirse a un tiempo ya muerto dejarse morir la razón mucho antes de que el cuerpo, siquiera piense en ello.
La soledad y los dioses saben muy bien elejir a sus presas, por eso hay que huir, aún sin alas, huir de ellos...

Besossss

Elisa Berna Martínez dijo...

Muy bueno Laura, mejor con los pies en el suelo que habitar castillos en el aire que solo nosotros parecemos percibir. Un abrazo!

Elena Lechuga dijo...

No sé por qué o cómo, pero sentí una tristeza grande leyéndote. Me gusta que me hagan sentir entre letras.
Besos.

Charcos dijo...

No son dioses sino barro aún sin cocer creyendo ser oro puro, ellos mismos se disuelven en esas libertades llenas de lodo y egoismo.

te aplaudo mucho Laura y te mando montones de besicos

Paloma Corrales dijo...

No, no llegarás a ser una mujer-diosa, Laura, con tu sensibilidad me parece imposible. En cuanto al poema, así es, tal cual lo retratas, pero como diría mi madre: "en el pecado llevan la penintencia".

Besazo.

Alma Mateos Taborda dijo...

Impecable poema, resuelto y claro, sentencieso. Muy bien logrado.¡Felicitaciones! Un abrazo.

Asolada dijo...

Sí, yo también estoy con Elena. Y quizá me equivoque, pero además de triste, creo que muestras un lado duro que hasta el momento desconocía.

Aún así me gusta, claro ;)

Un beso, Laura.

Gizela dijo...

Contundente en sus metáforas, que gritan verdades!!!
Me encantó!!!
Besotesssssssssss

Esilleviana dijo...

He creido entender y ver a un hombre que abandona el amor consolidado y legal por otros inestables y transitorios, solo por revivir el deseo permanente de lo novedoso y lo estimulante; con la consiguiente pérdida del amor de compañía, el amor afectuoso y duradero.
La soledad es un precio muy alto que conjuga con la ceguera; no querer ver lo que realmente nos interesa, convive con la futura soledad.

como siempre es un placer leerte.

un abrazo.

soy beatriz dijo...

Qué valiosos son nuestros pies, a través de ellos aprendemos a caminar sobre senderos ríspidos y también sobre suaves pastos o arenas.
Gran virtud, de transformar en letras los dolores, las soledades y también las ilusiones. Porque hay muchos que transforman el dolor de sus pies, en resentimiento y odio.

Bellísimo poema, digno de la bellísima persona que eres.

Un beso grande!!!

Daniel dijo...

Increiblemente hermoso!!!
Con una imagen tajante
Triste y real...

Te envío mi abrazo.
Dani..

Manuel dijo...

Querida laura: ya sabemos queno hay peor ciego que el que no quiere ver.

Y, también, me alegra saber que esos pies aprendieron pronto a caminar descalzos.

O, lo que es lo mismo, que esa vida aprendió a vivir por sus manos.

Un precioso poema lleno de sugerencias.

Y un beso.

Ricardo Miñana dijo...

Mis mejores momentos son aquellos en los que camino descalzo a orillas del mar.
Un grato placer leerte.
feliz semana.
un abrazo.

OZNA-OZNA dijo...

para el alma de esta asturiana amiga y admiradora es un inmenso placer visitar tu bella morada y sumergirla en el bello manantial de tus letras un besin muy grande -

José Antonio del Pozo dijo...

Hola, Laura: esos pies descalzos del final cautivan por sí solos, resplandecen de verdad. Me gustó mucho el tono un poco desolado del poema.
Besotes blogueros

Leonel Licea dijo...

Con este poema, querida Laura, tocas una vez más las cuerdas más sensibles de quien te lee, y lo haces con imágenes muy certeras, imágenes que se pueden tocar a través de tus palabras.
Un abrazo muy fuerte.
Leo

Pato dijo...

Una cremita que alivie esos pies descalzos, que mas que pies son tu alma.

Besos.

rubén lapuente dijo...

¿Vaciar los sentimientos? Siempre te dejas algo que no entregas. Si lo hicieras sería como desaparecer .Quizás de vértigo hacerlo y por eso el hombre se mantiene a una cierta distancia. Para entenderme diría aunque algo exagerado ¿cómo ser uno mismo si te poseen?
Besos

Narci dijo...

Es bueno, a veces, refugiarse en la guarida, meditar y encontrarnos con nosotros mismos, y no por ello nos estamos deificando o divinizando, no lo creo.

Más bien creo que el proceso es al revés, quienes se deifican a sí mismos, acaban en una soledad que no buscaron, que no querían, pues quizá lo que anhelaban era precisamente lo contrario, multitudes rindiéndoles culto sagrado, sin entender que no hay soledad peor que la de la multitud que te mira y no te ve.

EStupendo poema, y la estrofa final nos devuelve al mundo de los mortales con un estilo impecable.

Besos

Lembranza dijo...

Preciosos versos Laura. Me he sentido tan identificada con ese Dios hombre. En mi casa vivía uno, ahora esta muy solo, no supo ver las necesidades de las demás personas que le rodeaban, egoísta y controlador, solo se miraba así mismo. Ahora vaga en silencio, sabe que se ha quedado fuera.
Un abrazo

Clo dijo...

no hay sufrimientos eternos, yo creo. hasta a sufrir se acostumbra el alma. y cuando algo se hace costumbre dejamos de notarlo.

me agrada esa tibieza que sueles esparcir sobre tus poemas.

te dejo un fuerte abrazo.

Loren Simón dijo...

Hola Laura precioso poema profundo, en el espacio de uno mismo, de la observación del yo que camina descalzo y libre por la senda de la vida.
Besos

Pluma Roja dijo...

"Entonces les sonrío
a mis sandalias toscas
y me alegro de que mis pies
aprendieran precoces
a caminar descalzos".

Me gustó mucho tu cierre.

besos:)

Mayte Freire dijo...

Hay personas que no aprenden a caminar nunca a pesar de que la vida te enseña, y de qué manera... En el camino te cruzas a menudo con esos dioses-hombres que se adoran, egoístas y ciegos no ven la luz del sol, sólo el resplandor de su aura mientras la soledad se va apoderando de sus días.
Yo también me alegro de que mis pies hayan aprendido a caminar descalzos.

Muchas gracias

Jesús Arroyo dijo...

Hermoso y certero poema.
Dioses realizados de plastilina que se moldean a su gusto y, con una simple cerilla, se funden y desaparecen.
Besitos, guapa.

Marisa dijo...

Versos salidos del alma,
es en la guarida donde
recobramos la calma
y cargamos de energía,
así fortalecida no habrá
sombras, habrá vida.

Me ha gustado mucho.

Besos

Javier dijo...

e parece, si me lo permites, un poema lleno de sarcasmo.


Saludos.