12/9/14

Estocolmo


( Foto de la red)
 
Pan y agua. Las migas de los otros.
La piel endurecida por los golpes.
Los sueños en la tapa del retrete.
 
El trato o el maltrato confundidos
con besos que caducan indignantes;
no compra la injusticia un buen regalo.
 
De pronto un día azul y la promesa
de ser águila fuerte que viaja:
temida, reservada, misteriosa.
 
Y el tiempo se me instala en las arrugas,
la rabia se me incrusta por las venas
y sale como puede por mis ojos.
 
Dejas la puerta abierta y me detengo.
La cárcel es a veces el lugar
donde mejor se encuentra el prisionero.

4 comentarios:

Mayde Molina dijo...

Qué rabiosa impotencia, hermana :(
Tus palabras siguen tocando el alma de las cosas, que tantos no saben cómo decir.
Me encanta el nuevo look del blog, me recuerda el lema ese de: "La carretera, es la vida"
Besos de colores, mi trilli linda :)

José Manuel dijo...

Versos que se dejan llevar por el propio recorrido de la vida.

Feliz fin de semana
Besos

carmen jiménez dijo...

La costumbre es una cárcel muy traidora. La llave está en esos dos últimos versos.
Un beso querida amiga.

Narci M. Ventanas dijo...

Sin duda hay calabozos inmensamente peores que los de las cárceles, y prisioneros de cárceles que son tanto más libres que los de esos calabozos.

Besos