3/2/18

Verdades


( Imagen de la red)

Hay verdades que queman, que derrotan,
que descosen la carne, que nos minan,
que pervierten colores, que nos ciegan,
y convierten las notas musicales
en tremendos aullidos insufribles.

Hay verdades que mutan tu existencia,
que se instalan en ti y te devoran,
que te arañan, te muerden, te  pellizcan
arrasando impasibles tus latidos.

Hay verdades que callas con la boca
pero saben salir desde tus ojos,
son verdades rabiosas de estar presas,
insumisas, rebeldes, asesinas.

Son verdades que ahogas cada día,
pero renacen fuertes por la noche,
Son verdades que estallan de improviso:
cuando menos lo esperas, te hacen libre.

2/1/18

No se puede


( Imagen tomada de la red)



No se puede poner un lazo a una mariposa,
ni creer que su vida será eterna por ser bella.

No se puede amarrar el viento, ni alcanzar el sol;
ni pisar con los pies desnudos el agua, sin mojarse.

No se puede alargar la vida a un moribundo
por mucho que lo amemos con la mejor parte de nosotros,
por mucho que deseemos que eso ocurra.

Pensemos en lo bella que fue la mariposa en nuestras manos,
y dejemos que vuele hacia otras y las inunde de magia;

pensemos en lo afortunados que fuimos por conocer
al ser que se nos va, porque es su ciclo. 

Las cosas pasan y son como son.
Lo inteligente y sano es aceptarlo,
aunque el dolor nos ciegue.

21/12/17

¡Feliz Navidad!


( Imagen tomada de la red)


Otra vez llega. 
Se barrunta en las calles
y en las llamadas telefónicas.

La odio y la quiero,
la rehuyo y la busco,
la temo  y la amo 
a partes iguales.

Produce desencuentros
dentro de mí,
paraíso de excesos insanos
y de buenos propósitos,
de insomnios cansados
con resacas imposibles,
punzadas y risas
ingobernables
que campan a sus anchas
por mis venas:
desajustes que conozco
pero aún me afectan.

Aún así la bendigo,
por traer a mi vida 
un pedazo de esperanza,
el aroma de hogar,
el álbum de fotos,
la canción a capella,
los chistes malos,
el abrazo fundido,
los petardos en la calle
y un rincón donde reír
junto al lar de los míos,
un instante de pausa feliz
en la dura tormenta
que es la vida.



 © Laura Caro



¡Feliz Navidad y feliz año 2018!
Gracias por estar cerca a pesar de mis largas ausencias.
Os quiero.

                                                     


18/7/17

Nada me turba ( o eso quisiera yo)


Paso de ser una víctima
de mi propia historia,
paso de cavar mi tumba 
antes de morirme.

Paso de ser -por azar o destino-
la princesa destronada,
la mujer infravalorada,
la trabajadora explotada,
la corredora que hace tiempo que no gana,
la actriz que perdió su papel,
la madre incomprendida
o la jugadora con gafe.

Las cosas pasan porque sí,
para hacernos más fuertes
y descubrir que hay piedra
bajo nuestro corazón blandito
de infancias de Disney,
que no somos sino rocas
que talla la existencia poco a poco.

Y una vez sabes que tienes piedra
bajo el temblor de la mirada,
nada te turba,
 nada te hunde 
y amas
de forma apasionada y salvaje la vida.


7/5/17

Mi rosa

 ( Imagen de la red)
 
Pocas veces, cuando menos lo esperas,
con los ojos globo de llorar
y la piel arrugada de sufrir,
con la sal desbordando tus instantes
tatuados en tu piel sin preaviso,
 
cuando buscas en tus suelas maltrechas
el camino perdido hacia tu Norte
y tu vida es un terco laberinto
de brillantes colores de mentira
desandado tantas noches de insomnio...
 
una luz discreta llega a tu vida,
besando tus párpados temblorosos
sabiamente, sin falsas ambiciones,
en forma de sencilla rosa azul.
 
Es entonces cuando hayas certeza
- ¡ Certeza! Ya  dudabas que existiera-
y la Verdad más grande que intuías
se toca con las puntas de los dedos.

28/4/17

Pedaleando



Me visto con mi traje de ciclista,
-con curvas michelín incorporadas-,
mirándome al espejo traicionero:
Me río de mí misma, ciertamente.

Voy a vivir la vida empastillada,
con trozos de  locura por bandera,
borracha de emociones y pecados,
sin pensarme, ni pararme a pensar,
sin que nada ni nadie me dé freno
hasta que llegue al delicioso abismo.

Un casco de madera me protege 
pero me pesa (- ¡Que le den!- me ordeno).
Lo tiro en la mitad de mi camino
y me suelto el pelo, que se me enreda 
y se divierte libre y desatado.

La melena me golpea la cara,
 vengándose de mí - incorregible-
en las curvas cerradas (y en las otras).

Me meto por el cráneo torpemente.
Pedaleo deprisa y sin mirar,
evitando la voz de don Sensato.

Don Colesterol me pasa con vértigo
pero no le saludo - ¡que se aguante!-;
doña Azúcar está tonta: no sabe 
donde ponerse para que resbale,
pero no caigo en su trampa, por suerte.

Las tres de la mañana y sin dormirme.

No cuento nunca ovejas - ¡qué antigualla!-;
pedaleo sin parar hacia mis sueños.