1/3/22

Usos de un puente

 


 ( Royal Gorge Bridge, Colorado)
 
 
Desde que era niña,
me fascinan los puentes,
plataforma de cambio
o salto hacia la Nada.
 
Yo nunca sentí un puente
como paso al vacío
(toqué ya muchas veces
el barro con mis manos).
 
Morir no es -a menudo- necesario
para resucitarse.
 
El puente debe usarse
para cambiar de orilla,
para dejar que el otro
alcance nuestra casa.
 
El puente es la esperanza
de ser punto de encuentro
y ver las mismas cosas
con la misma mirada.
 
El puente une distancias: nos acerca
si sabemos usarlo.

12/2/22

SOY COMO SOY

                               

(Imagen tomada de la red)


Nunca supe venderme
o nunca quise. 

Creo en la transparencia
de una mirada,
en la caricia
de una palabra 
y en la sonrisa clara
como la Llave.

Creo en el Arte, 
en el poder del Arte
para desnudar almas
y crear vínculos;
para llenar vacíos
y vaciarse.

Creo en la magia 
de ese instante que une
para una eternidad.

Aprendí tarde
de mis errores:
tantas espinas duras
disfrazadas de vida.

De todos mis fracasos
nacieron alas:
atrevidas, rebeldes,
asilvestradas,
vírgenes por prudencia,
pero invencibles.

                         © Laura Caro Pardo
                          2021

29/3/21

Naufragio

 

                                                                    ( Imagen de la red)


Amanece un día más en mi ventana

y un cuchillo de luz atraviesa el cristal

y me habla de pájaros y de monte,

de susurros del viento, de palabras

que se dicen las hojas en el silencio.


Amanece y yo sigo en la misma postura.

Sigo inmóvil y fría. Impasible a la magia.

Una voz me sugiere despertar de mi sueño

pero yo no consigo desafiar al letargo

del castillo lucífugo en que me he convertido.


Me hice adicta al naufragio

 y hoy me siento tormenta.


© Laura Caro Pardo

2021


30/12/20

Tensión existencial

                                 



Dejarse abrir con miedo,
exponer la cosecha
al expolio pactado
y enterrarse de nuevo,

canturrear por inercia,
reírse por costumbre,
tejerse con esparto
los pañuelos al cuello
y lamer los olvidos
cuando nadie nos mira.

 Y fingirse despierta
para seguir soñando
con los ojos abiertos
los futuros que aborta.

                              © Laura Caro Pardo

8/8/20

Lejana luz

                                                


(Imagen de la red)
 

Me arrastro hasta la puerta con esfuerzo.
Veo una luz azul tras la rendija
y un rayo que atraviesa sin piedad
la cerradura vieja bajo el pomo.
 
Me pesa el cuerpo tanto, que no avanzo
al ritmo que me marcan los relojes.
 
Solía cantar siempre cuando el tiempo
ponía mala cara a mis instantes
y ahuyentar con el canto las tristezas.
 
Pero hoy no tengo voz para elevarla,
ni siquiera me consta que haya lengua
con la que relamer mis sequedades.
 
El tiempo una vez más, me ha derrotado.


                                                     © Laura  Caro Pardo

22/7/20

Como una perdiz


( Imagen de la red)


Voy bañando de risas las baldosas
que llevan a mis pies a su destino:
las blancas son el agua y no se pisan;
las verdes, una a una, las alcanzo.

Mis boca tararea una estrofilla
que acabo de inventar esa mañana
de esas que vienen solas, se te instalan
y tienes que escribir en cuanto llegues.

El viento se ha atrevido a ser grosero
y levanta mi falda mientras salto,
pero nada me importa en ese instante
en el que llevo luz a borbotones.

El hombre del kiosko me sonríe
pero no sé yo aún de las maldades
que habitan en las mentes retorcidas
y sonrío contenta, y le saludo.

Aún soy una niña y no sospecho
lo que vendrá después y para siempre.

                                                                       © Laura Caro Pardo

3/4/20

Pensamientos




Me desprendo poco a poco de manías
y me invade la necesidad de abrazos
que no di cuando podía a los que quiero.

¡Me pregunto tantas cosas mientras veo
cómo mueren a mansalva los ancianos,
sin la mano de los suyos en su adiós!

A la muerte se le dan bien las sorpresas
y a cuchillo despedaza corazones
sin piedad , sin medias tintas, sin complejos.

Y me pongo en esa piel de la que vive
todo el día junto al hombre que la humilla...
Y  me cruje el alma. Y  lloro de impotencia.

Y me calzo los zapatos de ese niño,
que hacinado en un cuartucho ya no sabe
cómo hacer para que alguien le comprenda.

Y me pongo tras las gafas del abuelo
confinado y asustado doblemente
al que nadie le pregunta cómo está.

Y me  quedo en los pasillos del desahucio,
en la casa del parado o del enfermo,
donde  todas  las desgracias  se amontonan....

¡Y me siento tan culpable por no ser
esa víctima invisible que  no cuenta
a la hora de decir las estadísticas...!

Y me digo: saldrá bien. Estamos juntos.
Somos otros y este amor que se respira
quedará como una huella para siempre.

( Pero yo no sé muy bien si me lo creo...)


© Laura Caro Pardo
Abril, 2020